Autocompasión

Hasta hace unos años fui especialista en competir conmigo misma y con mi padre. Pasé la niñez, la adolescencia y la mayoría de mis veintes enfocada en el perfeccionismo y el control de máxima energía que podía volcar en varias cosas a la vez. Aún así, no consideraba que estuviera haciendo las cosas lo suficientemente bien. El nivel de sobreexigencia era agotador. Cuando ponía todo mi empeño en una cosa en concreto, el gimnasio por ejemplo, no eran suficientes ni los pesos, ni las repeticiones que podía llegar a hacer. Mientras, estaba preocupada por el poco tiempo, o el casi nulo, que le estaba dedicando a la lectura, o a la cocina sana, o a los deberes de casa. Me decía para mis adentros que era un desastre, una inútil. Luego, cuando finalmente podía dedicarle algo de energía a la lectura, pensaba en el gimnasio, en mi cuerpo y en lo flácidos que se tornaban mis músculos. Me frustraba y desesperaba la idea de no llegar al momento de mi vida en el cual pudiera con absolutamente todo, de manera consistente, diaria. 

Muchos me decían que era una cuestión de organizar el tiempo, de establecer horarios para cada cosa. Pero sentía que iba con prisa a todas partes. Mientras hacía una actividad, pensaba en la siguiente que tenía organizada, y en la siguiente, y en la siguiente. El nivel de dificultad que suponía enfocarse en el presente, era un reto. Porque nos han enseñado a que: ser eficientes con todo, demuestra nuestra valía. 

Creo que esto se puede aplicar a la gestión y el procesamiento de emociones. Al tiempo que le dedicamos a sentirlas, o al que inconscientemente consumimos en estudiarlas y entenderlas. Noto poca permisión en este sentido. Es como si viviéramos con el ejemplo de otras personas a nuestro alrededor, comparándonos todo el rato. Y así comienzan las interrogantes: el por qué tardo tanto en sanar esta herida o aquella, en por qué no se me acaba de ir de la cabeza esta idea o esta persona, en por qué dejo que mi cabeza derroche tantos pensamientos en una cosa o en otra. Es entonces cuando acudimos a la evasión, a la sobre exigencia, al positivismo tóxico que alimenta al ego, a la fustigación constante, porque “¿cómo puede ser que permita que algo me afecte tanto?”. 

La autocompasión se ha convertido en una cualidad negativa. Veo que se suele confundir con victimización. Y es que hablarte con cariño no tiene nada que ver con sentir pena por uno mismo, con culpar al resto por las cosas que te suceden. Entiendo que pueda existir una fina línea entre ambas, pero prometo que no tiene nada que ver una con la otra. Hemos deshabilitado espacio para el sentir, sin presión alguna. Quizás no estamos siendo pacientes con nosotros mismos, quizás por el hecho de ser adultos nos culpamos constantemente de que deberíamos tener todo figured out o controlado para la edad que tenemos, o quizás nos cuesta hacer las paces con los niños que fuimos y a los que se les exigió, desde muy pronto, crecer lo más rápido posible. 

Con los años he aprendido que la fustigación solo somete al cuerpo a episodios de ansiedad que terminan repercutiendo severamente. Y es que creo que somos energía de una cantidad determinada, que suele variar con los días y se va regulando y racionalizando de acuerdo con lo que necesitamos en un momento u otro. Todo va por rachas, como diría mami. Es imposible ser eficientes y eficaces a toda hora, y me gustaría que fuera algo que no nos perturbe tanto. Lo mejor de la vida es que, al ser tuya, puedes hacer lo que desees con ella. Lo mejor es que tú decides cómo conversar contigo mismo, porque nadie va a entender mejor cómo te sientes y el tiempo que necesitas para gestionar todo lo que pasa dentro de ti. He descubierto que la autocompasión se trata de aprender a hablarnos, de modificar el tono de nuestros discursos internos, de aceptar nuestras emociones y nuestras circunstancias, de ser gentiles y pacientes con lo que realmente necesitamos.

4 Responses

  1. Que grandes y sabias tus palabras. Me has dado la lectura y lección del día que necesitaba para seguir en el proceso de quererme tal y como soy.

    1. Querer seguir trabajando en el amor propio de manera consciente y constante, ya es un acto compasivo para contigo misma. ❤️❤️❤️
      Te abrazo 🤗

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