Mis yo, y Yo.

La gente me pregunta si todavía escribo. Y yo la verdad es que no sé qué contestar a esa pregunta. Porque, para mí, escribo todos los días en mi cabeza, de forma constante. Lo que pasa es que mi capacidad de generar pensamientos va a mil por segundos y el día a día me dificulta el propio ejercicio de dejarlo todo en un papel. El overthinking es algo en lo que aún tengo que seguir trabajando. De todas formas, en estos momentos estoy en ese punto muerto que hace un año atrás estaba buscando desesperadamente. Mi vida actual se resume en lo que cualquier adulto común pudiera contarte: casa-curro, curro-casa, nada más. Por lo tanto, poco tiempo y energía tengo para filosofar. Es curioso, porque todos los días surge algo nuevo, algún problema que resolver, alguna situación que enfrentar, alguna decisión que tomar, pero… como que se va haciendo todo más ligero. 

Me gusta pensar que estoy aprendiendo a lidiar con todas las partes que conviven en mí. Estoy aprendiendo a gestionar cada conversación interna, de acuerdo con cada emoción. Estoy aprendiendo a lidiar con los bucles temáticos. Estoy aprendiendo a vivir conmigo misma. Entiendo que sean síntomas de madurez, o que la pasta y empeño que invierto en terapia está comenzando a surtir efecto. Quizás simplemente me estoy acercando a los treinta y las cosas en cada década se viven de forma diferente. 

Lo cierto es que no tengo la menor idea de qué estoy haciendo. Voy improvisando. Y estoy segura de que tampoco soy la única. Como también estoy segura de que el bombardeo compulsivo de pensamientos e ideas nos castiga a muchos, de que no es sólo en mi cabeza donde habitan y conversan, al menos, entre 5 y 8 Camilas diferentes. Camilas que se multiplican y varían de acuerdo con el mood de las hormonas, de la semana, del clima y del hambre o sueño que pueda tener. La diferencia de gestión está en que, ahora, les permito a todas estar, sin reprimir. Las reconozco a todas sin ningún tipo de exigencia o reproche. Le doy más libertad, sin vergüenza. 

Recuerdo que antes, según cada etapa, solía llevar máscaras de defensa. Las máscaras se fueron construyendo a lo largo de los años con el objetivo de proteger mi ego y de responder a los estándares sociales que cada circunstancia exigía. Durante mucho tiempo llevé la de strong independent woman que esperaba a ocultarse en el baño del trabajo para llorar, y si accidentalmente se salía alguna lágrima, pedía disculpas 8 veces en la misma oración por estallar frente a la gente. También he llevado la máscara de good girl, la que está de acuerdo con todo, la que todo perdona, la que deja pasar, la que acepta y traga en seco para conservar la calma aunque esté rabiando por dentro, con ganas de gritar: MANDA PINGA ESTO!; a los cuatro vientos. ¿Pero quién no lleva máscaras hoy día? Si es que es tan difícil ser vulnerable y transparente en estos tiempos. Esta sociedad nos ha llevado a desprendernos de nuestra propia autenticidad, ese maridaje entre lo bueno y lo malo que nos caracteriza a cada uno. 

Una vez, en el libro El peligro de estar cuerda, leí dos “afirmaciones opuestas” escritas por Rosa Montero, sobre una paradoja de la humanidad: que todos somos iguales y todos somos diferentes. Yo, honestamente, me quedo solo con la segunda. Aunque existan patrones de similitud, creo profundamente que todos, pero absolutamente todos, somos diferentes. Y cómo no vamos a serlo si es que, en nosotros mismos, coexisten tantas versiones que van mutando con el paso de los años. Y creo que la paz se encuentra cuando estamos dispuestos a abrazar a todas y cada una de ellas.  

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Seguir leyendo...

Autocompasión

Hasta hace unos años fui especialista en competir conmigo misma y con mi padre. Pasé la niñez, la adolescencia y la mayoría de mis veintes

Leer ahora »

Menos / Más

Admiro a aquellos que han sido capaces de aprender a gestionarse a sí mismos sin ningún tipo de guía. Yo he conseguido las herramientas para

Leer ahora »

In-Extrospección

He encontrado un lugar seguro en la meditación. He encontrado quietud en la naturaleza y el silencio. Ahora sólo consigo pasar los días malos controlando

Leer ahora »

Navidad

Creo entender ya el tipo de sensaciones tan paradójicas que suele provocar la Navidad y el inicio del invierno. Hay una especie de dicotomía en

Leer ahora »

Dependienta

Creo que todos, al menos durante un año de nuestra vida, deberíamos trabajar de cara al público. Me atrevería a decir incluso que a muchos

Leer ahora »

Lo poco que me pertenece

Estoy en un proceso de constante aprendizaje, adaptación, inserción, crecimiento y maduración. Todos los días pongo a prueba mi cerebro, mi sistema nervioso, mis emociones.

Leer ahora »