In-Extrospección

He encontrado un lugar seguro en la meditación. He encontrado quietud en la naturaleza y el silencio. Ahora sólo consigo pasar los días malos controlando la respiración, imaginando bosques a mi gusto o recordando el último paisaje impresionista que pude retener durante mis últimos paseos por el parque de El Retiro. El único espacio donde puedo respirar y llorar con total libertad, donde puedo descubrir la abstracción en lo figurativo, donde hay olores que me calman y sonidos que me dan paz. Es ahí donde medito con los ojos cerrados y mayor plenitud. 

Con los ojos abiertos, en los ratos de calma y soledad, medito en la librería donde trabajo. Cuando no hay nadie y puedo concentrarme en las dolorosas y suaves melodías clásicas de pianos. Porque hay cierta música como esa que me habla, que me debilita y me transporta a momentos tristes pero conmovedores de la vida. Y es solo con ellas de fondo que puedo observar con más detenimiento mis propios pensamientos, todo lo que me rodea, a los extraños que me visitan y a los que solo van de paso. Vivo así mi propia película. Veo a la gente pasar por la calle siempre con prisa, a través de la luz de neón en forma de corazón que parpadea simulando latidos, a través de las lámparas de estructura acampanada y de las más de cien portadas de libros que me rodean. 

Es aquí donde también medito, en ocasiones para controlar la incertidumbre, la ansiedad y la tristeza y soportar el dolor de las llagas que me salen en la boca, como somatización del estrés y los pensamientos negativos. Medito y sonrío todo lo que pueda. Sonrío para el que se lo merece y, cuando puedo, para el que no. Sonrío y miro directamente a los ojos porque siento la falta de amor en la gente, siento la falta de autocompasión, de cariño y empatía. Lo noto cada día en la energía de la gente, en sus caras agitadas con ojeras y cejas caídas, en la actitud, en la falta de contacto visual y en la inmediatez de los intercambios de palabras; en la falta de paciencia y de escucha activa. Pero no solo lo noto en ellos, lo noto en mí. 

Mirarme hacia dentro con mayor conciencia me ha revelado verdades. Llevo tiempo quejándome del ensimismamiento de la gente, cuando yo lo pongo en práctica tanto como ellos. Voy también con cascos puestos para aislarme de todo lo que me rodea. Voy  envuelta en mis propios pensamientos y problemas, en mis propios dramas y frustraciones y olvido cómo los manifiesto inconscientemente; y todos sufren tanto como yo. Sufren por miedos: miedo a su pasado, a su futuro, a lo que piensen o digan sus padres, a lo que piensen o digan los demás, a sí mismos, al universo, a dios. 

Con la meditación también he descubierto que no cuesta nada la gentileza, a pesar de tanta hostilidad. Las personas somos espejos, basta con romper la imagen con un cambio de movimiento, de energía, de perspectiva. Al final todos respondemos a lo que conocemos, y si conocemos la bondad, la nobleza y la risa, eso también se puede transmitir. Es solo cuestión de respirar, sentir el dolor del otro, comprender y romper el ciclo energético con compasión, dejando el ego detrás. Los extraños tenemos el poder de cambiar los días de la gente. Solo hay que estar dispuestos a hacerlo para bien. 

10 Responses

  1. Increíble texto, Cami. Nuestra actitud hacia los demás puede cambiar el rumbo de su día… esperemos siempre sea para mejor.

  2. Uno de los textos más certeros, honestos, emocionantes y bellos que he leído.

    Llegar al alma de uno para conocer el camino certero.

    Eres increible amiga. Sigue tu pasión. Me hace muy feliz leerte.

    Te quiero ❤️

  3. Resueno tanto con esto mi Cami. Amo que estés conectando con esa serenidad interior que solo tú te puedes dar. Y amo leerte. 🫶🏼✨

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