El ayer, el yo y el mañana.

Toda la imaginación que seas capaz de generar puede conspirar en tu contra. Conmigo es así al menos. Pero apuesto el poco dinero que tengo en mi cuenta bancaria a que las personas más creativas, somos las más perturbadas. Los ansiosos viven a expensas del futuro. Los depresivos, están estancados en el pasado. Sin embargo, ¿qué pasa cuando tu cabeza está en ambos sitios 24/7? Pues, en mi caso, es experimentar sensaciones esquizofrénicas. 

Aunque estoy trabajando en ello, vivir el presente siempre me ha costado muchísimo. Sospecho a veces que se debe al hecho de que me siento ajena a todo lo que me rodea. Voy dentro de mi burbuja recapitulando pasajes de mi vida, siempre intentando recordar cada detalle por miedo a que se me olvide. Voy a las fotos y a los mensajes, para así conseguir una recreación perfecta de los momentos más importantes, por muy efímeros que hayan sido. Voy al abrazo de mi abuela Nery, a mi habitación roja y rosa del apartamento de Playa, a la mordida de mi abuelo Manolo en la frente antes de irme a dormir, a mi perro Blacky y mis gatitas de Cuba, a la primera vez que vi un cuadro de Modigliani, a mi estudio del Vedado, a mis libros, al mi trocito de playa preferido en Barcelona, a mis plantas, mi Monet y a la paz de cada una de mis habitaciones desde que llegué a España. Evidentemente, recrear espacios y experiencias, también significa remover sensaciones, traumas y emociones de todo tipo. En solo un día es fácil pasar de la tristeza, la nostalgia, el desamparo y la rabia, a la alegría, el disfrute, la relajación, la tranquilidad. Si te sientes así, como yo, es probablemente porque estás muy ocupado viviendo tu pasado para encontrar respuestas que te permitan entender qué ha sido de tu vida y por qué todo se ha desarrollado así. 

Ahora bien, mientras una parte de mi cerebro va revisitando este pasado, la otra se encarga de dibujar el futuro. En mi trabajp hay pocas zonas con ventanas que te permitan ver lo que está pasando afuera. Es como vivir en una cápsula que va cambiando de colores: blanco, azul y rosa. Pero, por suerte, hay una pequeña parte con un ventanal enorme que justo enfrente tiene una de las terrazas más acogedoras y magníficas que he visto. Casi siempre está cerrada y luce algo abandonada, pero las plantas que consiguen sobrevivir el invierno le dan la vida que necesita, contrastando con la madera oscura de la puerta. Algunas ramas secas consiguen mantenerse en pie pegadas a la pared hasta llegar la primavera, cuando comienzan a salir unas florecillas colgantes color lila. Paso por ahí todos los días y me quedo observando la terraza escondida detrás de una pared, como si temiera ser descubierta. Me imagino reformando toda la terraza, dándole un toque hippie con cojines de estampados geométricos, luces amarillas,  más plantas, una mesa de madera oscura y un sillón para tomar el sol. Y, como si esto no fuera suficiente, regreso a casa casi siempre por la misma calle donde, encima de un servicio de lavandería, existe otro apartamento con su terraza perfecta. Así comienza de nuevo el proceso, conmigo dentro, leyendo en el sofá al lado de una gigantesca lámpara color ámbar. 

Lo mejor y peor de todo es que mi imaginación no se queda únicamente en estos espacios. Es tan fácil como pisar ese pasillo casi interminable de las estación del metro Diego de León para llegar a la Línea 5 y comenzar a pensar en cómo, con cada paso que doy, brota un césped verde que se expande por las paredes. Es tan fácil como poner la cabeza sobre la almohada y sentir que emerjo de la tierra como una performance de Ana Mendieta. Basta simplemente con estar sin clientes en el pasillo rosa y darle vueltas a la cabeza inventando situaciones y diálogos con chicos que nunca volveré a ver. 

Mi cuerpo rara vez descansa debido a este proceso cíclico y, en ocasiones, no consigo discernir entre lo real y lo que mi cabeza ha generado, pero me reconforta vivir en esos sitios. Volver a atrás, estruja el corazón, pero muchas veces te llena de dicha. Confesar o gritarles internamente a esas personas que forman o formaron parte de tu vida, puede quizás convertirse en la mejor forma para canalizar esa rabia que te contiene. Inventar el futuro, puede ser la mejor forma de manifestar y enfocarte en tus metas. Necesitamos nuestros guiones para sobrevivir en estos tiempos, al menos para poder aprender a vivir con nosotros mismos. 

5 Responses

  1. Hermoso, relajante, sentada en mi puerta, reposando la cena, con una brisa exquisita, disfrute de este otro, escribes hermoso

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